La primera noticia de este lugar es que desde el momento de los primeros
repartimientos fue propiedad del conquistador Pedro de Vera. Aquí tuvo un huerto y fue donde
Fernando Guanarteme realizó la entrega simbólica de la isla el 29 de abril de 1483, día de
San Pedro Mártir. Sobre este hecho sabemos por el historiador José de Viera y Clavijo (1731-1813)
en su Historia de Canarias que Guanarteme dijo al conquistador "unos isleños que nacieron
independientes entregan su tierra a los Señores Reyes Católicos y ponen sus personas y bienes
bajo su poderosa protección, esperando vivir libres y protegidos".
Es una de las plazas más antiguas de la ciudad y se formó en torno al convento, fundado en 1522,
en la periferia del Real de Las Palmas. Tuvo una primera fuente en el S. XVI cuando gobernaba
la isla Zurbarán. La plaza actual (S. XVII), de gran valor histórico y arquitectónico y situada
entre las calles Pedro Díaz, Sor Brígida y Toledo, tiene una planta rectangular abierta en tres lados
y con el cuarto ocupado por la Iglesia. Destaca la fuente barroca que ha sido, además, uno de los
elementos preferidos por el poeta Tomas Morales ("El barrio de Vegueta") y por el pintor
Néstor Martín Fernández de la Torre en El niño arquero.
El primitivo convento dominico se fundó en 1522 junto a la ermita de San Pedro Mártir que había
levantado el conquistador Pedro de Vera para conmemorar aquella entrega simbólica y para marcar el valor
del sitio entre huertas. Ese primer convento se reconstruyó en el S. XVII tras el incendio de la ciudad
por el pirata holandés Van der Does (1599). Después de los procesos desamortizadores decimonónicos se
abandonó el complejo conventual y al menos uno de sus claustros se destinó a casa-asilo desde 1849.
Más tarde, cuando terminaba el siglo, la huerta del convento (calle Sor Brígida) se parceló para
el Colegio de San Antonio y vivienda burguesa entre medianeras que forma uno de los mejores conjuntos
de la ciudad. Hoy conocemos parte del claustro ya que se montó en uno de los patios de la Casa de Colón.
La iglesia (del siglo XVII) la declaró parroquia el Obispo Romo en 1841 y ha sido restaurada
recientemente. Tiene planta de cruz latina con tres naves y la central de doble de anchura
respecto de las laterales. El crucero acaba en dos capillas laterales: la de la Epístola, de planta
cuadrada, y la del Rosario rectangular. A los pies de la nave se sitúa el coro con balaustrada y gradas
y una rica ornamentación en madera. Las naves se separan por arcos sobre columnas y se cubren con una
bóveda de cañón bajo armadura mudéjar que se puede ver en la sacristía. El acceso es lateral y la fachada
principal cierra el lateral norte del templo correspondiéndose con una de las naves laterales. La portada
barroca, entre dos pilastras, está labrada en cantería azul y presenta un primer cuerpo con arco en alfiz
y baquetones a sus lados, un entablamento y un frontón partido; de éste surge el segundo cuerpo, más estrecho
y con hornacina, que se remata en un frontón poli lobulado. A su derecha, y bajo la que se accede a la ermita
del Colegio de San Antonio colindante, se levanta la torre del campanario también en cantería azul, con
un primer cuerpo con portada de arco de medio punto, un segundo cuerpo macizo con escudo y un tercero con la espadaña.
Por último, y aunque el Colegio de San Antonio se destina a Escuela de Actores y otros usos, su
dimensión y posibilidades reclaman un estudio de reutilización.
Saro Alemán
EL BARRIO DE VEGUETA
El barrio de Vegueta posee un significado entrañable
para la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria ya que constituye el lugar donde
ésta tuvo su origen. Hoy día, este núcleo urbano es el centro histórico mejor
conservado de las islas Canarias y en él, pasado y presente se dan la mano.
A pesar del enorme crecimiento de la ciudad, lo que entendemos por Vegueta
está muy próximo a lo que consideraban nuestros antepasados.
Este barrio se extendió históricamente entre los límites naturales que suponían
el barranco de Guiniguada en la parte norte, el mar al naciente y una estructura montañosa al oeste.
Al sur, una muralla defensiva que transcurría perpendicularmente al mar, cerraba y protegía el
recinto urbano desde el siglo XVI. Hoy ya no existe, debido a su derribo a mediados del XIX, tal
y como ocurrió con la muralla de Triana . Sin embargo, podemos imaginamos su emplazamiento
siguiendo el trazado de las actuales calles Alonso Quintero y Hernán Pérez.
Otros límites históricos han desaparecido.
En 1970, la construcción de la carretera del centro tapó el cauce del Guiniguada,
que delimitaba y separaba Vegueta de su vecino barrio de Triana. De igual modo, el
límite natural del mar fue sustituido, en cierto sentido, por la carretera del sur.
Al poniente, la estructura montañosa actualmente casi queda oculta bajo los superpoblados
riscos de San Juan , San José y San Roque.
A pesar de todos estos cambios, ha pervivido la entidad histórica de Vegueta
como barrio primigenio de nuestra ciudad y, por ello, invitamos a reconocerlo y descubrirlo.
No existe mejor punto de partida que el lugar donde tuvo su origen. La actual plazoleta y ermita
de San Antonio Abad ocupan el emplazamiento donde posiblemente estuvo establecido el
Real de Las Palmas, campamento militar del último tercio del siglo XV ubicado en el margen
derecho de la desembocadura del Guiniguada, a cuyo frente se encontraba Juan Rejón.
Finalizada la conquista, hacia 1483, comenzó la primera urbanización de Las Palmas de G.C. y,
a partir del citado campamento, poco a poco fueron surgiendo las primeras casas y los
edificios oficiales, religiosos y de beneficencia, necesarios para atender las necesidades
del recién nacido núcleo de población. Las construcciones iniciales siguieron un trazado de
calles estrechas y sinuosas conformando manzanas irregulares que daban a la ciudad un aspecto
medieval. Esta trama urbana persiste hoy día, pudiendo observarse en torno a San Antonio Abad y
a la plazoleta de los Álamos, donde se erigían la antigua Catedral de Santa Ana (Iglesia Vieja del Sagrario)
y el primitivo Hospital de San Martín, fundado desde 1481.
A lo largo del Seiscientos,
se produce la consolidación de Vegueta como primer núcleo de población de Las Palmas de
Gran Canaria, constituyendo, junto al barrio de Triana, el principal casco urbano de
esta ciudad hasta el siglo XIX. Con el trazado de la plaza de Santa Ana a principios
del XVI, comenzaron a instalarse en este espacio los edificios administrativos y
religiosos más importantes, como la Catedral de Santa Ana (nombre relacionado con
la anciana, supuesta Santa Ana, que indicó a los conquistadores el lugar más idóneo
para instalar su campamento), el Palacio Episcopal, las Casas Consistoriales o Ayuntamiento,
la Audiencia Territorial y la Casa Regental. Además, se establecieron en esta época el
convento de San Pedro Mártir o de Santo Domingo y varias ermitas, como las de Nuestra Señora
de los Reyes, Espíritu Santo y de la Vera Cruz. El diseño urbanístico de esta nueva zona de
Vegueta en el siglo XVI experimentó un desarrollo mucho más organizado que el del núcleo
primitivo de la ciudad y así, en torno a la referida plaza de Santa Ana, se levantaron
manzanas rectangulares conformando una especie de trazado reticular que puede observarse
actualmente en las calles circundantes a aquélla y a la de Santo Domingo.
Este planeamiento de Vegueta respondía al tipo de ciudad castellana de la época,
sirviendo de modelo a lo que con posterioridad se haría en suelo americano.
Tras la invasión holandesa de Van der Does en 1599, que trajo consigo la destrucción
de las mejores edificaciones del barrio, se produjo, a lo largo de la siguiente centuria,
un proceso de reconstrucción de la mayoría de los inmuebles de carácter civil, religioso y privado.
Este evento afectó a los conventos, ermitas, Casas Consistoriales, Palacio Episcopal, etc.
Asimismo, en el siglo XVII se edificaron dos nuevos cenobios en Vegueta, el de las Bernardas
Descalzas de San Ildefonso y el de San Agustín, que vinieron a acentuar el carácter conventual
que tenía esta ciudad desde el Quinientos.
A lo largo del XVIII y XIX, van a producirse diferentes remodelaciones urbanas dentro de Vegueta,
especialmente las que tuvieron lugar con la llegada de los ideales ilustrados y clasicistas a
partir de fines del siglo XVIII, y las que fueron consecuencia directa de las desamortizaciones
decimonónicas. De hecho, la actual configuración del barrio se basa primordialmente en la labor
desamortizadora del pasado siglo, que supuso la privatización de los tres conventos ubicados en
aquel recinto además de la venta de sus terrenos y dependencias como nuevo suelo urbano para crear
plazas, viviendas y edificaciones públicas. Así, el monasterio de San Ildefonso fue derribado y
sustituido por casas particulares, amén de servir de emplazamiento para el Museo Canario y el colegio
Viera y Clavijo. De los conventos de Santo Domingo y San Agustín sólo quedaron las iglesias, que
fueron convertidas en parroquias, pasando algunas dependencias a tener una función civil muy distinta
de la original (beneficencia, cuarteles militares, centros docentes, etc.).
Por otra parte, en el siglo XIX encontramos en Vegueta una serie de instituciones que van a suponer la
reactivación de la vida cultural de este histórico barrio. Nos referimos a la creación del colegio de
San Agustín en 1844, a la constitución de una Biblioteca Municipal entre 1860-1869 y a la fundación de
El Museo Canario en 1879. Estas iniciativas potenciaron el moderno desarrollo del barrio ya que,
hasta la centuria anterior, el peso de la labor cultural estaba ligado a la Iglesia y, de modo
especial, al Seminario Conciliar de la Inmaculada Concepción que fuera auspiciado por Carlos III.
Puede afirmarse que en el devenir histórico del barrio que nos ocupa han intervenido, favorable o
desfavorablemente, las diferentes coyunturas políticas y económicas que se han sucedido a lo largo del tiempo.
Vegueta, y en concreto la plaza de Santa Ana, ha sido escenario de acontecimientos políticos importantes a la
par que se gestaban determinadas concepciones e ideologías. Por otro lado, las épocas de auge económico
contribuyeron al embellecimiento de calles, plazas y fachadas, proporcionando a este conjunto histórico
el carácter "señorial" con el que tradicionalmente se le ha identificado.
Valiosos testimonios mudos dan a conocer al transeúnte de Vegueta datos
específicos sobre el pasado del barrio. Así, la nomenclatura de las distintas
calles recuerda a sus antiguos moradores, a ciertos acontecimientos, actividades, personajes e
instituciones que fueron relevantes en su día. A pesar del tiempo, algunas conservan su nombre original.
Actualmente, paneles de cerámica instalados a iniciativa de El Museo Canario, registran la denominación
antigua y al uso de estas vías. Dignas de mención son las calles de la Herrería (por el oficio artesanal
que allí se desarrollaba); de la Pelota (por el "juego de la pelota"); de los Canónigos (López Botas); de la
Recova (Mesa de León); de las Vendederas (Reloj); de los Portugueses (Colón), etc.
Dentro de la nómina de personajes significativos -en el campo socio-cultural y artístico grancanario-,
que han residido en Vegueta, reseñamos los nombres del historiador José de Viera y Clavijo y del Obispo
Encina (que habitaron en casas circundantes a la plaza de Santa Ana); del polígrafo Agustín Millares Torres
(en la antigua calle de la Gloria); del imaginero José Luján Pérez (en el callejón de Santa Bárbara);
del artista Manuel Ponce de León (plazoleta del Espíritu Santo); del político y periodista Nicolás
Estébanez
(en la plazoleta de San Antonio Abad); y del doctor Gregorio Chil y Naranjo (en la que fuera calle de los Canónigos).
Quisiéramos también dejar constancia de los nombres de algunos pintores que reflejaron su particular imagen
del barrio de Vegueta. Citemos, entre otros, a Comas Quesada, Cirilo Suárez, Manolo Ruiz...